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Nombre: Jung Evan.

Fecha de nacimiento: 27 / 11 / 1997.

Edad: 20 años.

Trabajo: Cafetería de su abuela algunas mañanas.

Estudios: Ilustración y artes gráficas.

 

 

Caja de Pandora.

Viaje al pasado ⇢ Infancia.

Muchas veces queremos cambiar cualquier cosa sobre nosotros, pero a veces no nos damos cuenta de que todas nuestras experiencias nos hacen ser quién realmente somos, independientemente de que estas sean buenas o malas.

Lo que parecía ser una familia aparentemente común y normal a vista del mundo en realidad era un infierno de puertas para adentro. Donde los sollozos y los gritos parecían ser la banda sonora de la casa en la que Evan se había criado, donde esconderse era algo más que un juego. “¿Dónde te escondes, pequeño?” El pequeño se escondía, o más bien, refugiaba como podía dentro de aquellas paredes.

Desde temprana edad se negó a mostrar la piel de su espalda y las cicatrices que había en la misma, odiando desde el primer momento que alguien pudiera llegar a verlas y mucho menos tocarlas. Detestaba esas marcas por las que había sido marcado para el resto de su vida.

 

Era increíble la facilidad que tenía su madre para ocultar tantas heridas y cicatrices frente a la gente con la que se cruzaba, ente ellas otra familia cuyo hijo siempre fue amigo de Evan, Lyall. Ese chico siempre le resultó una salida de escape al menor, sintiendo que por él nunca llegó a ser juzgado como el resto de voces que escuchaba a sus espaldas. “Es un bicho raro”, “no te acerques, siempre trae alguna herida nueva…” Las apariencias eran una mierda, sobretodo cuando la gente se dedicaba a hablar sin conocer, dejándose llevar por meras cortinas de humo que ocultaban la realidad frente a sus ojos.

Nadie esperaba que la madre de Evan terminara por tomar el camino del suicidio, y mucho menos que el chico de 10 años la encontrara en el suelo junto a un bote de pastillas tirado por el suelo. El cuerpo inerte y frío de su madre todavía aparecía muchas veces en medio de su mente.

 

Adolescencia.

 

A la muerte de su madre, Evan se mudó a la ciudad para vivir con su abuela porque el alcohólico y maltratador de su padre no era capaz de criar a un niño ni mucho menos.

¿Lo más doloroso? Haber dejado atrás a su único y mejor amigo, Lyall. Cuando se separaron pensó que jamás volverían a verse de nuevo, pero lo que nadie sabía era que el mundo era un pañuelo y que todo en algún momento puede llegar a volver.

Vivió con su abuela desde los 10 a los 18 años en un piso bien acomodado para ambos. Con ella Evan nunca tuvo falta de nada; su abuela le daba todo aquello que necesitaba dentro de sus posibilidades. No era una mujer rica, pero tenía sus ingresos gracias a la cafetería de la que ella misma era dueña. Evan, en cambio, ayudaba en ese negocio desde los 16 años. El sueldo que ganaba de la cafetería más la venta de algunas de sus obras como freelancer le ayudaba a tener un buen sueldo al final de mes.

Su época estudiantil en aquel periodo le marcó para seguir por el camino de las artes, algo que realmente le apasionaba. ¿Por qué pintaba? Lo hizo desde pequeño, quizá como escape a la realidad, como método para expresar lo que realmente podría estar sintiendo y nunca decía. Siempre fue un chico reservado para muchos aspectos de la vida; era calmado hasta el punto de tragar y tragar hasta terminar por explotar. Eso no quitaba que tuviera carácter y saltara a la mínima en más de una ocasión, porque ese era su pronto.

 

Actualidad ⇢ Universidad.

 

¿Recordáis que la vida es un pañuelo? Definitivamente lo era, y Evan lo supo nada más volver a ver a Lyall en la misma universidad en la que él estudiaba. Volver a retomar aquella amistad fue lo mejor que le había pasado en mucho tiempo, tanto que ambos acabaron por mudarse a una casa de alquiler al poco de comenzar el primer curso.

Mucha gente daba por hecho que ambos eran pareja, aunque nada más lejos de la realidad; eran mejores amigos, por no decir hermanos.

Muchas veces la familia no se queda en la sangre, en ocasiones elegimos quién es parte de nuestra familia y así lo había hecho Evan con aquel chico. Siempre protector hacia su persona, sin importarle el poder salir dañado a cambio de proteger al contrario. Él era y es así, capaz de ponerse frente alguien a quien quiere con tal de proteger a esa persona en cuestión sin importar el daño que pueda recibir en sí mismo.

 

En cuanto a relaciones nunca llegó a tener ninguna que fuera seria u oficial, a excepción de dos, porque siempre parecía ir a consolidarse algo todo se venía debajo de la nada. Quizá el que le hubieran abandonado por completo en las dos ocasiones en las que tuvo pareja le llevaron a tener miedo al compromiso. Sentía que de alguna manera sus alas y libertad desaparecían a cambio de pedazos partidos en su corazón y alma. Siempre trataba de dar lo mejor de él cuando quería, y parecía ser que nunca era pagado con la misma moneda; seguramente eso le llevó a cerrarse y no esforzarse tanto en algo.

Ya no era miedo a acabar tan roto que se cortara a sí mismo, era miedo a cortar a aquella persona que quisiera pegar los pedazos rotos en él.

sepan más sobre ti.

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